Camino de las Torres

acequianevada

(Banco de Imágenes del Barrio de S. José).
Camino de las Torres, un invierno de los años 30 (siglo XX) en que la nieve pintó la ciudad de blanco. La acequia de las Adulas/acequia de San José fluye por la derecha hacia Miguel Servet, mientras que carros y peatones deambulan sin demasiada urgencia por un camino bastante tranquilo y aún rural, a pocos minutos del agitado “centro” de la ciudad.
Recién entrado el Invierno de 2012-2013, tras el Solsticio del Hemisferio Norte, desde la Asociación de Vecinos del Barrio de San José os deseamos unos buenos días de descanso para afrontar mejor después los retos del año venidero, que no serás pocos, ni sencillos.
Un fuerte abrazo, salud, y res publica.

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MFU, Minas y Ferrocarriles de Utrillas S. A.

02-01-2013.- En días como estos, hace cuarenta y siete años, se le echaba el “closed” a la línea Zaragoza-Utrillas. La artificial e impostada política de primar el transporte carretero (de mercancías inorgánicas y orgánicas) cuenta también a esta ruta ferroviaria como uno de sus victimarios. La hegemonía monopólica de la industria petrolera y sus derivados, entre los que ciega con luz propia el subsector automovilístico, arrasó con el ferrocarril sin más contemplaciones ni sentimientos porque, como dicen los clásicos, no se trataba de nada personal, sino sólo de negocios.

Al poco tiempo de su cierre definitivo, la línea fue desmantelada en su tendido viario. Su colosal parque terminó mayormente en el desguace de la memoria histórica ferroviaria de este país; algunos de sus componentes vendidos a precio de saldo a otros países que ahora aún lo disfrutan en forma de trenes turísticos; una locomotora fue recuperada hace poco por el Ayto. de Utrillas; alguna otra duerme en cocheras cercanas a la espera de que algún grupo empresarial texano venga con la propuesta de crear un gran casino que incluya un testimonial parque temático ferroviario, y que a las dirigencias institucionales del momento les entre el alborozo por el asunto (como hace poco les entró con el “agua”).

¿Y qué pasó con el patrimonio arquitectónico asociado a este tren? Pues con la Estación de Zaragoza ya lo hemos visto: edificios centrales recalificados para ocio de consumo vario, chimenea cigüeñera trasladada para no molestar a Centro Comercial en construcción, y piqueta para todo lo demás. El conjunto hoy es denominado “Utrillas Plaza”, sin que a nadie se le caigan los hígados de la vergüenza.

Con la idea peregrina de conocer el restante patrimonio ferroviario, inauguramos en el presente año nuestros peripaseos, en uno de los días más rabiosa y heladoramente cierzeros de nuestras limitadas existencias. Como el tendido fue desmantelado, y la ciudad se ha vuelto un monstruo de cemento y asfalto, no podemos hacer en Zaragoza el recorrido histórico, de forma que nos vamos por el dinámico Camino Miraflores, pillamos el Tercer Cinturón, el ramal que lo conecta con el Cuarto, y tras alguna maniobra imprudente, nos metemos por el Camino de San Antonio, o de la Cartuja Baja, que circula en paralelo a la actual vía del AVE, la que en tiempos era la de los trenes a Barcelona, y hoy territorio de polígonos industriales, y perros. El blanco prisma de 35 m. de altura del Centro Logístico de la Zaragozana, destaca de las vecinas horrendidades.

El Canal Imperial, ya empequeñecido hasta casi caricatura tras las Esclusas de Valdegurriana, y la chatarrera y carbonera donde termina el camino, nos indican que hay que tomar la carretera de Zaragoza, que desde la A-68 lleva a los dominios del Procesador de la Mierda que Zaragoza Produce. Rotonda tras rotonda, se suceden naves y polígonos, hasta que llegamos a los dominios del Marqués de Ayerbe, en cuyo Acampo encontramos el apartadero de Valdevacas, construido en 1947 cuando la línea soportaba una media de 20-24 circulaciones diarias, para descongestionar el embrollo que se producía en la Estación de Torrecilla de Valmadrid. Un amable encargado nos recuerda que todo esto es ahora propiedad privada, y que suerte que hoy no es día de caza, que si no, los cazadores nos hubieran tirado.

Vueltos a nacer, retomamos la carretera hacia Torrecilla, y entre val y val, edificio ferroviario, pero esto requiere un apùnte: las estaciones-estaciones eran una cosa, pero también había apartaderos, cargaderos, muelles, cocherones, casillas de las brigadas de obras y mantenimiento de las vías… En la jornada de hoy visitamos las estaciones de Torrecilla de Valmadrid, de Valmadrid, Puebla de Albortón, y Belchite, pero cada kilómetro hay algún tipo de estructura, relacionada con el ferrocarril, que mojonea esta vía. Si esto fuera, o fuese, una de esas vías verdes que en otros lugares parecen existir, sería espectacular.

Bien, pues pasadas algunas de estas edificaciones secundarias, llegamos a Torrecilla de Valmadrid que, a pesar de tu tamaño como de juguete, tiene restos de casi todo: edificio principal (vivienda jefe de estación en piso superior, despachos, sala de espera, despacho de billetes), pequeño edificio de retretes públicos, aljibe para agua potable, muelle descubierto, aguada para las locomotoras (estanque rectangular y edificio circular elevado con depósito de 50.000 litros para, mediante brazo hidráulico, servirla a las máquinas), corral para cobijo de los animales domésticos del Jefe de Estación y contiguo a éste, la chabola de la Brigada de Vías y Obras. Este emplazamiento fue plató cinematográfico del spaguetti-western “Los largos días de la venganza” (1967), en el que además “intervino” una de las locomotorasy vagones de la línea. De aquellos tiempos ha quedado una proliferación inaudita de chumberas que, si no fuera por el gélido cierzo, pareciera que estábamos en Jalisco.

Estación de Torrecilla de Valmadrid en  “Los largos días de la venganza”, 1967

Seguimos adelante, al ritmo de sucesivas casillas auxiliares, y en una de ellas descubrimos un nuevo concepto que enriquece el lenguaje: tajea, es decir, pequeño puente que deja pasar por debajo aguas corrientes u ocasionales, o alguna vía o paso de menor importancia. Llegamos a Valmadrid, cuyo edificio prácticamente está engullido por unas cercanas y nuevas viviendas.

Buscando la Estación de Puebla de Albortón, la siguiente del recorrido, pagamos la novatada de no saber que una cosa que es se llamara así, y otra muy distinta que estuviera en el pueblo. Mientras la buscamos en balde, descubrimos que el que haya una calle dedicada al uruguayo general Artigas, héroe de la independencia del Uruguay, se debe a que su abuelo, José Antonio Artigas, era pueblano. Hartos de dar vueltas a esta réplica del “Londres” de “Total”,  preguntamos a un amable indígena que nos indica que la Estación está a 3 kilómetros y pico… Nos orienta en la dirección adecuada, y allá que nos vamos, por unos caminicos que las cabras bien a gusto irán. Y llegamos, pero oh sorpresa, descubrimos que hay que salvar un barranco, denominado de la Hoz, de Zafrané… vaya usted a saber, y que el puente que cumplía esa función fue desguazado cuando el desguace del ferrocarril. A pesar de ser dinamitado, los pilares resistieron. La vista y el entorno son bien espectaculares, aunque el viento casi nos hace hacer parapente, pero sin paracaídas. Volvemos tras nuestros pasos, qué remedio.

Se nos ha hecho la hora de comer y, además, el vehículo está también canino de combustible, así que hacemos una pausa, y vamos a Belchite a solucionar ambas demandas. Ya restaurados, y ya que estamos donde estamos, y nuevamente tras preguntar a un veterano belchitano, vamos a la busca de la Estación de Belchite que, por cierto, ya no existe, al menos en pie. Quedan los restos de los suelos de sus distintas dependencias, y un cercano edificio auxiliar que servía de cochera para locomotoras. La dimensión de los arcos de entrada lo recuerda, aunque ahora sólo entren y salgan vehículos con motor de explosión. Esta estación fue utilizada por el bando nacionalista para abastecer de carne de cañón esta parte del frente, cuando la batalla que “puso” a este pueblo en el mapa del mundo.

Nos volvemos para Puebla de Albortón, aunque primero ascendemos al Santuario de  su señora del Pueyo, un verdadero kremlin para dominar la estepa del entorno. Después, un repentino virar nos lleva a buscar primero la Estación de Azuara que, cómo no, no está en el pueblo, sino a varios kilómetros, como bien nos confirmaron dos azuarinos. Volvemos, pues, a Puebla de Albortón, y ascendemos a donde están los restos de la Estación que, como suele ser habitual por estos pagos, ahora es empleada como edificio auxiliar de unos cercanos corrales de ovejas. Cuando llegamos, la Guardia Civil de Tráfico nos felicita por nuestro deambular ferroviario-cultural, tras quedar claro que nos éramos amigos de las ovejas ajenas. Procurando no ser derribados por el viento, tiramos las últimas instantáneas, y nos volvemos para casa.

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Ruido, nada, cierzo y sol

03-12-2012.- En parajes bien conocidos de la periferia allá por el S-SW, donde la val del esparto, el charco al sur, el monte y los rosales junto al Canal, vamos hacia la ruidera “infernal” que producen las aeronaves civiles y militares que descienden al aeropuerto-base OTAN, a constatarla, notariarla, testimoniarla. Vaya que si lo hicimos.

La linde sur, Valdespartera

La linde sur, Valdespartera

El fabuloso tranvía nos deja donde el Mago de Oz, en una ventosa mañana a rabiar.

SantaBárbarabenditatrailaralará

SantaBárbarabenditatrailaralará

Desde Valdespartera, hacia Arcosur, sin solución de continuidad, siguiendo la huella sonora de las descendentes aeronaves por el pasillo de nuestra casa, Zaragoza.

La romanización tardará

La romanización tardará

Desprotegidos, andarines, soleados, golpeados por la cierzera, marchamos.

Siempre hay un camino a la derecha

Siempre hay un camino a la derecha

Welcome to nowhere

Welcome to nowhere

Bujaruelo hacia el suelo

Bujaruelo en el suelo

Lo primero es lo primero: el golf

Lo primero es lo primero: el golf

Nuestro fordiano Monumental Death Valley

Nuestro fordiano Monumental Death Valley

El Planeta de los Simios

El Planeta de los Simios

Desde la Val del esparto

Desde la Val del esparto

ZGZskyline

ZGZskyline (con comillas)

Todo esto, y mucho más, en el próximo estreno de “Ruido”, la más reciente colaboración audiovisual entre Antonio Tausiet y un servidor de todas ustedas. Desde el 19 de diciembre, en abierto, para todos los públicos, y en todas los soportes imaginables. Un poquico de paciencia. Que no te digo ná, y te lo digo tó.

 

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Canalizandolencias Josefinas

27-11-2012.- Una mañana como otra cualquiera, pero no. Tenaz ejercicio panorámico toca hoy, que desde que me he vuelto ubunteano, no doy abasto. Remonto la Cuesta de Morón y le dedico unos instantes a ese notable edificio industrial del gremio de las harinas tan conocido por los zaragonanos que no suben a Puerto Vé-Necia ni por el Cansino de Mierdaflores, ni por el donde se Monda de la Hisvanidad. Tan conocido es, que no necesita ni estar abierto, ni servir para nada, ni ni.

Los felices años 20 de por aquí

La Harinera cuesta

Llego al puente de la Av. de San José, que ya es hora de llamar a todos los puentes y pasarelas por su nombre, y si no lo tuvieran, se les pone. El sol sobre la sombra de los platánidos pinta como si tuviera una paleta de colores de naranjas y limones.

A veces es mejor quedarse en medio del puente

Y recorro como se recorre por primera vez la trasera josefina, la fachada sur del barrio de San José, el tramo U25 no ejecutado del Plan de Riberas (sí, el de 2008). Uno y trino es el peripaseo, y con solemnidad lo camino, desde la Playa de Torrero, pasando por las terrazas de Cuéllar, y el elongado Paseo del Canal, hasta el aneco-josefino Muro de la Wertgüenza que cierra el barrio, a nuestro pesar. Como hoy no quiero morir (atropellado) hago el recorrido por la ribera de la derecha, que siempre hay un camino a la derecha. Que sean las imágenes las que les ilustren el patio trasero de San José. La lucha continúa.

Coches, patos y ratas, sí. Peatones, no.

“La pasarela del Roble”, porque me da la gana.

El Roble josefino

Lefebvre aquí puso sus cañones. Normal. Yo también lo haría.

Mirador hacia el culo josefino, con perdón.

El Cabezo Cortado. No se refiere a ningún munícipe.

El aneco Muro de la Vergüenza.

Mirador del Cabezo Cortado. Y es gratis.

Literal absceso al Cabezo Cortado.

Terrenal ascenso al Cabezo Cortado.

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Pasajero peripaseante

Hora era de ponerle alguna BSO a tanta palabrería y foterío.
Allá va la primera composición. Es del señor Pop.

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Tramo 9 Anillo Verde y Plan Aceralia (y II)

21-11-20012. El “Plan Aceralia” supone el traslado de 14 empresas del Polígono Industrial Cogullada al Parque Tecnológico de Reciclado López Soriano, y la modificación del PGOU para recalificar el suelo sobre el que estaban, de “industrial” a “urbano”. Es una parcela de 15,63 hectáreas, de las que la mitad pertenecían a Aceralia (da nombre al Plan), localizada entre Alcalde Caballero, Camino de los Molinos, vías del Picarral y Saica.

El Plan fue aprobado por el Ayto. y DGA en 2003, y el PGOU fue modificado en 2004. Se contemplaba la construcción de 2344 viviendas con alturas de hasta 17 pisos para sufragar el traslado de las industrias (si los gastos hubieran sido mayores, ríanse ustedes del escaylain de niuyor). SAICA presentó un recurso ante el TSJ de Aragón aduciendo que había invertido bastantes perras en tratar de reducir sus impactos sonoros y oloros; que dado su goliático tamaño de ninguna manera le compensaba económicamente el traslado; y porque consideraba al Plan un potencial “váyase, señor SAICA”: la cercanía de viviendas haría socialmente imposible la convivencia entre los nuevos vecinos y la industria.

En abril de 2008, la sentencia del TSJA anuló la modificación del  PGOU sobre la que se basaba el Plan, por irracional, y porque “solo atiende a los intereses de las industrias promotoras“. Desde entonces, la Expo y poco más.

En noviembre de 2012 el Ayto. acaba de hacer pública una propuesta para desatascar el plan de Aceralia: reduce la altura de los bloques de viviendas, de las 17 plantas a 8. Según el Ayto., edificios de 17 plantas son ahora excesivos e innecesarios. Otros cambios: incrementar un 40% la reserva de suelo para equipamientos, reducir un 6% la densidad máxima de viviendas/ha. Finalmente, se reduce en un 6% el aprovechamiento urbanístico.

Esta historia sigue sin tener final. En todo caso, hay solares para rato.

Revitalizados con un indescriptible revuelto de setas, ajos tiernos y huevo, con queso emmental francés, con uva transgénicamente enriquecida, dulces y café, nos encaminamos al segundo “caso” de elusión del día. Cruzamos la linde entre Cartago y Roma, y nos detenemos a rendir homenaje a la locomotora de vapor Baldwin que recuerda que el puente de la Almozara fue en origen sólo puente ferroviario. Dentro de la pequeña cabina del maquinista, donde los mandos y la caja de fuego con la boca del hogar, rememoramos.

Progresando por Valle de Broto, dos signos de los tiempos: una infame pegatina de unos nazis zaragozanos y su notable caso de disgrafía (¿nazis invitando a leer y pensar por uno mismo?, ¿pero qué sindiós es esto, Adolfo?) Más adelante, el Parque nº 1 de Bomberos nos anima con su diáfana instalación (ser funcionario comprometido no es contradictorio).

Remoloneamos un rato por peculiares arquitecturas y, en Marqués de la Cadena, cometemos un notable error (no me refiero al posado del Sr. Tausiet con el doblemente cuarentón Escobar, de nombre Manolo): nos desviamos de nuestro objetivo por las cosas de la ignorancia, y nos internamos por la parte más oriental del Polígono de Cogullada, deambulando por calles nominadas en honor de destacados científicos universales (Benjamin Franklin y su armónica de cristal, Jaime Ferrán y su vacuna anti-Alfa).

Nos sorprende una pintada rememorativa de Rudolf Hess, precisamente uno de los nazis con la cabeza más jodidamente jodida. Nos ilumina el sol del membrillo, y encontramos el musical OK Corral en una de tantas naves idénticas todas. Más adelante, una legendaria seta chopera sin gnomos inquilinos, que deben haberse ido todos al verdor de Arcosur. Hay variadas industrias, y no son pocas las instalaciones ocupadas por los secuaces de FuManchú, que siguen adelante con su plan de conquistar el mundo, ahora que los yankees están encelados con Siria.

Cuando Jaime Ferrán confluye al norte con Ben Franklin, llegamos al fín al mar de vías de la estación Zaragoza Arrabal, especializada según reza la página del ADIF en transporte convencional y servicios adicionales (acceso de trenes a la terminal, maniobras en terminal y operaciones de acceso a Saica). La realidad parece mucho menos que todo eso, y el aspecto se asemeja a la extinta estación de Utrillas en sus últimos tiempos, cuando la parca ya había cortado el hilo del que pendía su hálito vital. Nos aproximamos a las vías tras haber esperado un rato en una artesanal marquesina a que llegara la diligencia que nos llevara al Campo del Sepulcro. Al no ser así, progresamos hasta el tramo de Alcalde Caballero que pasa por encima de las vías. Superamos una leve barrera arquitectónica, y nos regocijamos con las imaginarias, amplias y seguras aceras. La imagen a contraluz del panorama industrioso con la ciudad al fondo, es ciertamente molesta a las pupilas. Es lo que tiene el atardecer zaragozano, sobre todo si miras directamente al sol.

Las vallas nos anuncian que ya estamos por fin en los terrenos del Plan Aceralia, que ya era hora. Bien majos gatos poco estresados nos miran con extrañeza: “¿quiénes serán estos humanos que por aquí vienen a la nada en que tan bien estamos?” Torcemos por el Camino de los Molinos para circunvalar el terreno y encontrar un acceso no felino. Quedan las fachadas de las empresas deslocalizadas, y una leve indicación de donde estaba Aceralia. A la altura del TOPI, seguimos el Camino de la Corbera baja y nos internamos en una maraña de solares, cuyas vallas hacen de redes atrapacapitanas. Llegamos donde las emanaciones de SAICA comienzan a bailotear arriba y abajo, según el ritmo de un vientecillo de impredecible rumbo. La visión es ciertamente desoladora, aunque la natura está empezando a abrise camino entre ponzoña, veneno y ácido. Este planeta es la hostia.

Cometemos otro error al aproximarnos a SAICA, pues nos recibe con una clorhídrica ráfaga a modo de bienvenida a modo de ziklon b rebajado que nos deja un poco tocados. Cómo debía ser por aquí deambular y vivir antes de que la empresa redujera los efectos de las emisiones. Asemejaría los alrededores de Ypres durante la Gran Guerra. Seguimos inspeccionando curiosas zanjas abiertas por mecánicos ingenios buscando algo que seguramente no han encontrado. Un par de cementerios de capitanas junto a la linde con las vías del tren y varias señales de “peligro de muerte” nos alegran la vista, pero al revés. Vamos completando la ronda cuando llegamos a un par de piscinas con caldo primigenio, ese del que surgió la vida hace varios miles de millones de años, aunque de este será vida, pero bien mutante y trastocada en la ordenación de sus genes.

Una arqueológica pintada de cuando Aceralia se llamaba “Rico y Echeverría Fundición y Laminados de Acero”, y en ella trabajaban unos raros especímenes llamados “obreros”. Qué tiempos aquellos. Ahora afortunadamente ya todos son clasemedia, emprendedores constitucionalistas y televidentes consumidores que ya están pensando en la cena de nochebuena y en lo que dirá el buen rey que nos ha traido la democracia. Joder, estas emanaciones de SAICA me están trastocando el cerebro.

Retomamos el Camino de la Corbera Baja y tomamos un bus urbano 44 que nos devuelve a la ciudad Compacta. Por hoy, ya vale de ilusiones, de elusiones.

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Tramo 9 Anillo Verde y Plan Aceralia (I)

21/11/2012. La ilusiones devenidas en elusiones forman parte del ADN de Zaragoza, también en el siglo XXI. Hace tiempo que hablar de “ilusión” ha quedado jibarizado a su acepción referida a “esperanza”, “confianza”, de tal forma que no tener “ilusión” es hoy billete hacia la marginación social, política, económica  y cultural, porque “cómo vamos a aceptar que el futuro no va a ser mejor”, “cómo no podemos esperar que esto se solucione, o salga bien”, “cómo no confiar en que esta persona va a hacer bien esta encomienda”. Se descarta, incluso, la socialdemócrata “duda razonable”, y se fusila (imaginariamente, en este caso), a quien no manifieste fervor confesional, confianza, “ilusión”, en que eso será así porque el jefe lo dice, y porque su coro de repetidores adulativos ejerce de eso.

Pero el tiempo, ese vengador justiciero, aunque las más de las veces de forma poco efectiva, va erosionando esa “ilusión” como inane confianza titánica, de tal forma que hasta quien fue su creador la torna en una acepción de “ilusión” hasta ahora proscrita: interpretación errónea, distorsión de la realidad, imagen equivocada. Y la “ilusión” se convierte, en décimas de segundo, en “elusión”, en soslayamiento o evitación de una dificultad, de un problema. Lo que en plata se suele nominar “escaqueo”.

Esta elusión es, si cabe, más terrible, pues se cañonea con saña contra quien se le ocurra pedir explicaciones. Y es que ante el amago preguntero el escaqueador suele reaccionar mal, colectivizando la responsabilidad (que sólo sería personal, caso de haber triunfado), derivando la culpa máxima en otros sujetos (“si fulano hubiera cumplido…”, “es que las cosas se han torcido”, et caetera), y queriendo fusilar (ahora no imaginariamente) a quien le reproche algo, o siquiera se le aceque a hacerlo. Y aunque parezca inhumano, quien elusiona suele ser quien se lleva la muñeca chochona.

Vamos aterrizando. Zaragoza es rica también en históricas conversiones de “ilusión” a “elusión”, y las nuevas redes sociales tampoco han modificado un milímetro, siquiera virtual, esta tradición romántica, conservadora, y confesional. No pretendo aburrirles mucho más de lo que ya lo hago con una lista de estos “donde dije digo, digo Diego”, porque es seguro que ustedes conocen suficientes casos, todos ellos lamentables.

En esta entrada ilustraré dos casos peripaseados recientemente: el chiripitiflaútico tramo 9 del Anillo Verde, y los ponzoñosos terrenos del denominado “Plan Aceralia”, dos elusiones que, como la obra de Pirandello, siguen buscando autor, responsable, o padre carmelita doblemente padre. Me temo que no lo conseguirán.

Según la propaganda municipal aún vigente, el actual Tramo 9 del Anillo Verde de Zaragoza (AVZ) “comienza en la señalizada salida 1 del corredor verde, que se encuentra en el camino del Pilón o carretera antigua del aeropuerto. Un gran prisma o nodo urbano amojona el lugar. Desde aquí el AVZ asciende la rampa que conduce al puente que cruza sobre la autovía de Logroño (A-68). Este paso es también un elemento simbólico del Anillo Verde, ya que comunica los barrios de la ciudad con el nuevo barrio del AVE, inmediato al centro comercial Augusta y el parque lineal del Ebro.

A partir de la autovía de Logroño está pendiente de ejecutar la continuación del AVZ por detrás del centro comercial Augusta y el nuevo barrio del AVE. Su trazado empalmará con los nuevos viales urbanos que acceden a la estación intermodal Delicias y conectan el Cuarto Cinturón (Z-40) con el reciente cierre del Tercer Cinturón (Z-30) –prolongación de la calle Rioja hasta el puente del Tercer Milenio–. Todo este sistema de viales de nuevo trazado en torno al barrio del AVE y la estación intermodal estará dotado de andadores peatonales y carriles bici que permitirán acceder cómodamente hasta el puente del Tercer Milenio y las riberas del Ebro.

Desde el nodo urbano del camino del Pilón se puede seguir un trayecto alternativo hasta la consecución definitiva del AVZ. Hay que salir al nudo de Sicione, enlace entre la autovía de Logroño (A-68), la avenida de Navarra y la vía Hispanidad. Un andador y un carril bici transitan bajo tan singular “excalectric”. Ya en la avenida de Navarra habrá que dirigirse hacia cualquiera de los dos nuevos viales que rodean la estación intermodal Delicias a y acceden al cierre del Tercer Cinturón entre la calle Rioja y el puente del Tercer Milenio. Las últimas casas del barrio de la Almozara y la confluencia del Pabellón Puente con el puente del Tercer Milenio anuncian la proximidad del río Ebro y el cierre completo del Anillo Verde de Zaragoza.”

Bien, pues atentos que nuestra aproximación la hacemos al revés: por donde el AVZ debería conectar (no lo hace) con la trasera de la Estación Intermodal. Por imaginarios andadores peatonales cruzamos  los laberínticos viales de las diferentes conexiones con la A-68, y bajamos por la imaginaria acera de uno de ellos hacia la imaginaria zona verde de transición con las vías de la Alta Velocidad, que ahora es una enorme y agreste ribacera. Salvando un leve desnivel de unos 70 centímetros, que al Sr. Tausiet le asemejan los 2,45 m salvados por Javier Sotomayor, accedemos al punto que conecta las vías cubiertas de la Estación Intermodal (cerrado con metálicas vallas y contundentes candados) con lo que queda del trazado de la antigua línea de ferrocarril de Caminreal, que no es sino lo que debería ser el AVZ por esta zona, pero no lo es.

Como esta zona no debe ser muy visitable, la verdad es que no cuidaron mucho las terminaciones, los detallicos, las calidades. La Zaragoza del millón de habitantes, de la miríada de nuevas torres en el fictício barrio del AVE, debería tener esto también en cuenta, que los inversores y emprendedores tienen ojos hasta en el culo.

Seguimos, pues, por la senda del viejo camino de hierro hacia Caminreal, pasando por encima del mar de vías previo a la Intermodal mediante un novísimo puente que conserva las cicatrices de los raíles levantados, y de la natural erosión producida por los humanos que encuentran sentido a su vida destruyendo patrimonio público. A derecha e izquierda, un paisaje propio de balcánicos y célebres escenarios bélicos. Estamos en el cogollo de donde estaba previsto instalar a la élite científica, industrial, financiera y especulativa, pero hasta el momento sólo encontramos a un excluido social y su ética vivienda unifamiliar. Cientos de traviesas ferroviarias cementosas se acumulan despilfarradas a uno y otro lado, justo detrás de la arcadia consumicia del CCAugusta y otras grandes multinacionales instaladas en la Avenida de Navarra. Contrastes de una política urbanística que no encuentra estadio intermedio entre “esto es un solar putrefacto” y “milla digital”, entre la gran secá y la gran remojá. Ya será que no lo intenta nunca…

Avanzando en zig-zag vertical, nos cruzamos con un par de grupillos de personas que utilizan este no-tramo del AVZ para desgastar las zapatillas entre piedras, taludes, hierros, cables metálicos. Mira que somos sufridos los indígenas del lugar. Con qué poquico nos conformamos. Tras un ratico, amenizado por millones de asesinos insectos voladores que aprovechan el verano zaragozano que este año está llegando hasta diciembre, llegamos al final, es decir, a lo que debería ser el comienzo de este tramo 9 del corredor “verde”. Pasamos por encima de la carretera de Logroño, y conectamos con el cemento y las maderas podridas del corredor verde realmente existente en el mojón de su salida 1.

En este, como en otros casos, no hay regocijo alguno en la denuncia de la no consecución de los proclamados logros. Se trata de un sano ejercicio de memoria colectiva para ilustrar que el progreso, el futuro, no se construyen a base de grandes proyectos, grandes inversiones desmesuradamente ajenas a la comprensión humana, grandes edificios, torrres de decenas de plantas, puentes guinessicos. Ese es el futuro tan querido para quienes nos han conducido al abismo en el que estamos cayendo, porque nuestra desgracia es su beneficio. Y no es de recibo que nuestros representantes institucionales pierdan la cabeza con estas quimeras, con estos delirios de grandeza, de futuro, porque así no se hace ciudad, ni sociedad, ni nada que merezca la pena. Y el que esto se siga haciendo en las campañas electorales primero, y luego durante los cuatro años de mandato, con la inestimable ayuda de las empresas que generan noticias e información sesgada, y que la mayoría de la población lo siga legitimando con su voto, bien triste es. Snif.

Es lo que tiene el encantarse con algo, que es más cansado que el sereno y racional escepticismo, ya que malgasta energía por partida doble: al encantarse, y al desencantarse.

Para terminar este caso, rendimos homenaje al trazado “provisional” del AVZ que desde 2009 sortea el excalextric, o Nudo de Sicione, y que por los miserables espacios dejados a los peatones, hace una zeta hasta el Puente del Tercer Milenio. Provisional, anguloso y barato, que las señalizaciones pintadas sobre la acera no habrán sido muy caras, digo. Un divertido cartel publicitario recuerda a las mafias capitalistas rusas y chinas que en Miralbueno hay grandes oportunidades para adquirir la nacionalidad española sin mediar visa, permiso de trabajo, o de residencia. Así de generosos somos los españoles.

(Continúa en la segunda parte)

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