Tramo medio valle Huerva

02-05-2012. Hoy toca peripaseo, tras el sano ejercicio contestatario de ayer, que además fue el aniversario 67 del feliz anuncio hecho por un locutor alemán en 1945 (Adolf Hitler «ha caído en su puesto de comando en la Cancillería del Reich, peleando hasta su último aliento contra el bolchevismo y por una Alemania nazi»).

Revolviendo neuronas, encontramos un vacío narrativo en el tramo medio del valle del Huerva, allá por los embalses de Mezalocha y Las Torcas, y el Alcañiz de la Huerva. Andamos una vez por allí, pero con tan poca luz como la que rige nuestros cerebros, de forma que ahora toca reseñar esta excepcional parte del recorrido del Orba, Guerba, La Huerva, Río de María, Río del Aceite, que no hay generación que no le dé por renombrar a este humildísimo y dignísimo cauce fluvial.

Salimos de ZGZ por nuestra gatera preferida: la carreterilla que conduce hasta la Fuente de la Junquera, y que pasa por Cuarte, Santa Fé, Cadrete, y María. Lo hacemos antes de que la locura especulativa la convierta en autovía o Lost Highway, que parece que ni con la N-330 y la A-23 se sacian “emprendedores” y “creadores” de empleo. Ahora mismo esta carretera es casi una pista por la que, cuando no pasa un coche volador, una flagoneta suicida, o un camión loco, da gusto ir. La visual es mucho más atractiva que por las carreteras principales, en equilibrio entre los montes de yesos de la izquierda, y la vega de un río que no nos cansamos de darle patadas en el culo y en los huevos y, aun así, nos regala buena parte de lo que somos como ciudad.

En María nos metemos hasta la N-330 para dar de comer al vehículo, y continuamos por Botorrita, Mozota, hasta Muel. Qué tranquila se ha quedado esta carretera. Qué distinta de aquella que en los años 80 y 90 del siglo pasado me llevaba al altiplano gallocantino. Como permanencia de esos tiempos pasados, los restos progresivamente degradados de la abandonada y en ruinas Tejería Jaime (cerca de María de Huerva). Nos internamos en Muel por donde (casi) toda la vida, y en la revolvedera que conduce a Mezalocha empezamos una serena y laica ascensión hacia esos pagos.

Nos internamos en Mezalocha people, y la pista hacia el embalse es justo, cosas de la vida, por el que salimos de este pueblo cuando le rendimos nocturna ronda hace tiempo. Como no nos dejan aparcar en el cemento (ver foto), tenemos que seguir descendiendo hasta la vega del Huerva. A nuestra izquierda, y como he visto muchas películas, fotografío lo que me parece ser una asiática fortaleza cuyos restos apenas sobresalen del cortado. Veo columnas, puertas, arquitrabes…. Es que estoy muy jodido de la cabeza.

Llegamos a las inmediaciones del embalse, dejamos el coche antes de cruzar un puente sobre aguas inexistentes, e iniciamos la inspección al complejo presil. Para tener sólo 106 años, da completamente el pego, y parece de la época del Canal Imperial (sillares de piedra, caracol de acceso a la presa). La cercana presencia de impresionantes y regulares cortados naturales enfatiza aún más la ilustrada estampa. El bajísimo nivel de las aguas seguro que no alcanza ni de lejos el posible llenado de 4 Hm. cúbicos. De no ser por las recientes lluvias (esas que tanto les molesta a los urbanitas en general, y a los procesionantes en particular) esto sería una penica aún mayor. Menudo verano que nos espera si no sigue lloviendo, y bien. Ahora mismo, el vaso del embalse más parece desolado escenario del Planeta de los Simios, que reserva de agua para riego. El señor Tausiet, con su típico sombrero tunecino, invoca a las nubes con los típicos gritos de los cazadores de vacas, pero sólo un leve goteo responde a sus antropológicos dislates. Esperemos, mejor, que nuevas y abundantes ciclogénesis explosivas remedien la actual catástrofe.

Un aviso para navegantes nos pone en guardia hacia el mejillón cebra, sí, ese que nunca pasaría del embalse de Mequinenza. Menos mal que Cañete ha vuelvo otra vez para acabar aquello que empezó cuando hacía de Cañete come-carne-de-vaca-loca, y el mejillón cebra no era sino una aberración de la naturaleza, resultado de la mezcla de… ustedes saben.

Los acantilados y cortados que delimitan buena parte del embalse son tremebundos, y el tamaño de los piedros que caen de ellos, descomunal. Hinchado de inconsciencia, grito cual energúmeno para probar el notable eco. Como el camino emprendido termina en el agua, y el vehículo no es apropiado, volvemos hacia atrás para seguir adelante, algo que en estos tiempos se está poniendo tanto de moda. Un descubrimiento este ambalse, sí señor. Altamente recomendable, con agua sería la hostia, amén del copón.

Dejamos Mezalocha, pasamos por Ayles, Villanueva de Huerva, y nos internamos en Tosos. Desde el pueblo seguimos por la pista que conduce al pantano de Las Torcas. Antes de llegar, el castillo de la Casaza, un resto del XIV, de cuando Tosos era Alcañiz de la Huerva (de ahí le viene la denominación femenina al río). Este pantano se inició, como otros muchos, durante la Segunda República, y fue el Francismo el que lo inauguró. Se trata de 7 Hm. cúbicos hábiles para riego, aunque ahora hay pero que mucho menos. El entorno natural es espectacular, en este caso por la tupida vegetación arbórea de tipo mediterráneo que convierte a este lugar en una maravillosa rareza en un entorno seco e inhóspito.

Aunque ya se nos ha echado encima la hora de la ingesta, zigzagueamos por pistas poco frecuentadas que, con la reciente lluvia, colorean un paisaje de infinitas tonalidades desde el verde al rojo. De la numerosa fauna que disfruta de este lugar sólo tenemos visual de una despistada perdiz, y de numerosos mirlos, herrerillos, carboneros y pinzones. En un momento dado, y ante la previsión de comer a la hora de la cena, compartimos un frugal refrigerio, algo de agua, y continuamos. El objetivo de visitar las Gargantas del Huerva, y Fuente del Pez, quedan eclipsadas cuando descubrimos por casualidad, por supuesto, lo que resultan ser las ruinas de la Rectoría de San Bartolomé de Alcañicejo, a los pies del Castillo de Alcañicejo (que se nos pasó completamente desapercibido, dado que su estado responde al de la media de los castillos de la zona: +-0)

Son los restos del primer (cronológicamente hablando) monasterio cisterciense de Aragón, que ahora no son sino ruina, desolación, y eso que desde 1982 es Monumento Histórico Artístico. Bueno, pues merece al pena su visita, antes de que se desplome totalmente. Es un buen ejemplo de que no sólo desamortizaciones y guerras traen afecciones a instalaciones como esta: sus desventuras son resultado de una reestructuración interna de la iglesia católica, que retiró al conjunto su categoría de “Rectoría”, lo que le supuso perder muchos ingresos económicos, y el comienzo de su fin: ya a finales del XVIII la ruina era total. Como los dineros ni se crean ni se destruyen, los que no fueron a parar aquí, engrosaron las rentas del Pilar y de la Seo.

Seguimos camino por una pista acrobática que nos ha de conducir a Aladrén, mientras el paisaje pierde humedad, verdor. En el pueblo nos sorprende la ausencia de torre en la iglesia, aunque no falta la consabida placa que recuerda que hubo muertos que lucharon (en vida) contra la República. La jodida accesibilidad limita la posibilidad de recibir el cuerpo de cristo sólo a atletas y campeones de alpinismo. Por las calles saludamos a 4 personas, 3 gatos, y un perro tranquilo. Una barbaridad, teniendo en cuenta que el pueblo cuenta con 62 habitantes. Fotografío puertas de casas, y al señor Tausiet junto a una placa de curiosa leyenda. Nos marchamos ya a comer algo… a Paniza.

Y en el bar sito en el edificio de la Casa de la Villa, la frugalidad es la nota del día, así que de primero, el menú consiste en una mini-bolsa de patatas fritas; de segundo, platico mini-cacahuetes; y de postre, nada, ni panizo. El paseo por el pueblo de María Moliner nos deja con otra tremenda iglesia mudéjar-renacimiento, una inclasificable fuente de caballos, un precioso llamador de puerta, y una advertencia (ver foto).

Como queda pendiente el postre y el café, nos vamos a Cariñena por la N-330, y en el lugar en que comimos hace un tiempo, en parada y fonda junto a “vieja” carretera, cumplimos con los objetivos, atendidos por una-otra distinta promesa del este.

Retornamos a ZGZ dejándonos caer por la suave pendiente que conduce a ella.

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Peripaseos. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Tramo medio valle Huerva

  1. Pingback: Zaragoza y su entorno | Tausiet & Zaragózame

  2. jose luis dijo:

    Subió usted por el Huerva, visito la Casaza, “descubrio” El Santo “rectoria de San Bartolome” y subio hacia aladren sin visitar Vistabella??? ¡¡Vamos hombre de Dios!! ¿para que hizo usted el viaje? ¡¡¡Ande… tire usted y en cuanto pueda termine el recorrido, y ya de paso lo continua hasta por lo menos Cerveruela, visite San Miguel de Luquillo, Vistabella, La piedra la hiedra, y Cerveruela, en Vistabella no deje de visitar el bar del Joaquin, y se toma unas tapas “como dios manda” que no tiene gracia hacer kilometros para nada…si no fuese porque yo ando por Sevilla ahora mismico iba y lo agarraba de la mano pa llevarlo.
    ¡¡¡Vivir para ver !!!…….

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s