Limes y diretes 0 y 1

11-01-2012. En una mañana bastante fresca, con alternancias entre el grado negativo, y el positivo, y con el sol muy cerca, pero con muy poco gancho y, además, tras la estacional nieblina zaragozana, henos dispuestos a meternos en el jardín de los límites, perímetros, anillos, cinturones, como demonios se les denomine, de esta ciudad, desde el romano Pomerium, hasta el infinito, y más allá. Doctores, sectas, eruditos, escuelas, amén de organismos públicos y parásitos privados, han escrito abundantemente sobre este tema, produciendo una consecuente rica cartografía que más aturde, confunde, y hace bien complicado tratar de establecer un consenso al respecto. Como siempre.

Desde la modestia de la praxis de quienes peripaseamos, pateamos, y en ocasiones hollamos, día sí, y noche también, esta ciudad y su vasto entorno, hasta decir basta, hemos decidido establecer nuestros propios limes de la ciudad, tras concienzudos estudios, y siempre guiados por principios de libertad, igualdad, solidaridad, justicia social, y servicio público, democrático, y científico. En tiempos de recortes de derechos, no nos privamos de decirlo todo, empleando las palabras y el espacio que hagan falta. Faltaría más.

Bien. En esta jornada vamos a circunvalar los perímetros 0 y 1, correspondientes el primero al originario de la colonia Caesaraugusta, y el segundo a su extensión hasta la alta Edad Media. La numeración se corresponde a que, habiendo un tercer y cuarto cinturones, llegar a las capas de la cebolla 2, 1, 0, es sólo cuestión de intentarlo. Como los perímetros 0 y 1 están íntimamente ligados, coincidiendo en una parte de su recorrido, vamos a recorrerlos en espiral, cosa de la que, de puro rarita, y hasta la fecha, nadie ha dejado testimonio. Mas vamos a hacerlo y, al menos en esta primera jornada, será sólo por la parte africana de la ciudad, esto es, la margen derecha del Ebro, porque la margen izquierda ha estado hasta hace bien poco mucho menos articulada y conectada, porque los romanos sólo pasaban por allí camino de Ejea, de Huesca, o Barcelona, ya que la inmensa mayoría de los puentes (elemento vertebrador para poder hablar con propiedad de cinturones) han sido obrados en el siglo pasado.

Así las cosas, el perímetro 0 sería el que marca el exterior del rectángulo de la original Colonia romana articulada en torno al Cardo Maximus y al Decumanus, siguiendo los actuales viales conocidos como Echegaray y Caballero, Coso Bajo, Coso Alto, y César Augusto.

El perímetro 1 sería el resultado de la ampliación de la ciudad romana que, en casi cinco siglos de estadía hegemónica, y aun no contando ni con poceros ni con paristas, algo se habría extendido. Los actuales viales de Echegaray y Caballero, Alonso V, Asalto, La Mina, Constitución, Pamplona, y la integralidad de César Augusto conformarían su perímetro que, en su parte sur, vendría delimitado por el natural de la margen izquierda del río Huerva.

Es esta comunión entre los dos perímetros, que comparten su recorrido norte, y una parte del este, la que nos hace realizar el movimiento en espiral, comenzando por el 1 (puente sobre Huerva, en la confluencia de Asalto, La Mina, y Miguel Servet), y terminando en el 0 (confluencia Coso Alto con César Augusto). Mas vamos por partes.

A poco de comenzar el peripaseo, desde el antiguo Puente de San José sobre el Huerva, el fresco, mezclado con mi torpeza, defunciona la cámara. Como sin imágenes esto no se lo creería nadie, nos subimos a un cercano árbol para pillar pilas, a ver si. Funciona la cosa, y continuamos, por Paseo La Mina, con el Huerva a la izquierda. Dejamos atrás la inexistente Puerta Quemada, la torre de San Miguel y el acceso a su parroquia, y pasamos por el monumental Garaje Aragón, el centro de convivencia para mayores Pedro Laín Entralgo, la trasera de El Arte Cristiano, La Caridad, y la Mutua Instructiva Palafox (así se denominó durante la II República al Colegio del Sagrado Corazón). Coches, coches, coches.

Llegamos al Paseo de la Constitución, justo encima del Huerva. Zona fundamentalmente residencial, en ella encontramos la sERE central del sindicato Comisiones Obreras, la Residencia Femenina “Religiosas de María Inmaculada”, el lugar donde estaba la Puerta de Santa Engracia, y la que sí está parte trasera de Santa Engracia. Coches, coches, coches.

Tras cruzar las obras del tranvía (¡viva el tranvía!), que van que van, llegamos al Paseo de Pamplona, con el ojo del Gran Hermano militar dándonos los buenos días. Coches, coches, coches. Enseguida, la existente Puerta de El Carmen, y embocamos raudos en César Augusto, con más coches, coches, coches. Tras la Guardia Civil, el demonio exasperado por la suerte del viejo Teatro Fleta sito, tal vez, sobre un cacho del circo romano. El viejo hotel Corona de Aragón, la antigua iglesia del dominico convento de San Ildefonso con su singular arco con bóveda de cañón (hoy Iglesia de Santiago el Mayor).

Cruzamos el Coso Alto, para retomar la compaña de las obras del Tranvía (¡viva el tranvía!) en todo este tramo de César Augusto, en el que coinciden el perímetro 0 y 1. Al otro, las Escuelas Pías. Encontramos trazas de la muralla romana en y bajo nuevas casas antes de la calle Perena. El majestuoso Mercado Central saluda el cese de la violencia motorizada, y casi no se lo cree aún. Enfrente, en los porches, un establecimiento confesional vende jesusitos empeluchados, rubios, de ojos azules, sin cruz, para mayores de 0 años. Cruzamos la natural continuidad del Decumano (Predicadores), y llegamos al tramo de murallas romanas, Torreón de La Zuda, San Juan de los Panetes, y la extinta Puerta Tripería. La ausencia de coches me produce pasmo, pero del bueno, o tal vez sea el relente que llega del cercano río.

Agarramos Echegaray y Caballero, entre operarios de obras, patos, una garza, y el río, por supuesto, que hacen más llevadero un largo tramo especialmente árido, conformado por edificios feos y confesionales, que tienen su parte de responsabilidad en que la ciudad haya estado de culo al Ebro tanto tiempo. La extinta Puerta de El Ángel se correspondía con la entrada al Cardo Máximo, hoy Don Jaime, a cuya derecha quedan los civiles edificios de La Lonja, y del Ayuntamiento. A su izquierda, siguen los dominios eclesiásticos, y por sugerencia del señor Tausiet, que ya lo conocía, entramos a la parte en que no hay que pagar del novísimo Museo Diocesano, habilitado en la parte norte del Palacio Arzobispal. Un amable recordatorio a la entrada nos dice que el gran hermano cura ojo que nos mira, y vaya que sí. Vamos a la cafetería, que es la parte en que sólo hay que pagar por las consumiciones. Un revitalizante café favorece la circulación por todos los miembros. Un vistazo a una reproducción de la Vista de Zaragoza, de Juan Bautista del Mazo y Velázquez (1647), nos entretiene un buen rato identificando lugares, existentes aún, o no. Notamos crecer el nerviosismo confesional, pues estamos a unos centímetros de la taquilla de cobro, y no parecemos dispuestos a financiarles más de lo que ya hacemos sin querer. Salimos por una acristalada puerta desde el bar hasta el patio del Museo, que conecta con la plaza de las catedrales. Tras retratar la cena de Viridiana, en versión ortodoxa, se nos aparece el encargao, recordándonos dos cosas: que hay cámaras de vigilancia (los carteles ya lo advierten), y que no se puede hacer fotos (no hay avisos al respecto). Pues vale. Nos vamos a donde no se respire tanta inmundicia, y volvemos a nuestra ruta, adonde estaba la Puerta del Sol, donde nacen hoy el Coso Bajo (continuación del perímetro 0), y Alonso V, por donde vamos a continuar.

A la derecha se levantan restos rehabilitados de la medieval muralla, en una zona con restos de quintas y casas romanas, algunas estudiadas y enronadas, y otras directamente enronadas para gloria del progreso y el negocio inmobiliario. A la puerta del Albergue, un tranquilo perro homeless abrigado, pero homeless, en definitiva.

Ya en la calle Asalto, a la izquierda, el principio del Parque Bruil; a la derecha, el Centro de Historia-de Historias, con el viejo Convento de San Agustín. Hay un buen trecho de la muralla medieval que ha sido reconvertido en muro de cierre de las viviendas sobre ella levantadas. Mientras, a la izquierda, el Corral de la Leña, que usted le pregunta a cualquiera que qué es eso, y a ver qué le responde. Haga la prueba. Terminamos ya el periplo de unos 4,300 km por este Perímetro 1, entre los bares de la izquierda, el Huerva, a la derecha, y la cabeza de Servet, en medio.

El hollaje del Perímetro 0 fue bastante más rápido, por ser de un recorrido más corto (2,700 km), y porque, al compartir su parte norte y este con el Perímetro 1 (Echegaray y Caballero, César Augusto), que acabamos de realizar, se reduce a un cotidiano paseo por el Coso Bajo y Coso Alto.

En el Coso Bajo hacemos una preceptiva parada para recordar el viejo edificio de la Universidad, demolida, en cuyo solar, al menos, hay hoy un instituto público. Al lado, la Plaza de la Magdalena, con esa torre encantadora, y con los pocos restos de la puerta que daba acceso al Decumano. Continuamos hasta llegar al viejo café Ideal, luego Windsor,más tarde Nuevo Windsor, y hoy Ideal-Windsor. El edificio de viviendas contiguo tiene abierta la puerta y, como gatos, nos metemos en un patio que yo desconocía hasta la fecha. La trasera del Seminario de San Carlos, en cuyo solar estuviera la sinagoga mayor, porque estos lares conformaban entonces el corazón del barrio judío. Poco queda de ello, y lo que queda, aunque realmente existente, sólo virtual, no visitable: los baños. Llegamos a las Piedras del Coso, donde el solar que marca el inicio del Coso Alto, sigue sin saber si van a ser galgos, o podencos.

Hasta la Plaza de España, este tramo del Coso es bien soso, aunque esté el Teatro Principal. Ya en la Plaza, paramos a ver las piedras de la muralla que no han roto al hacer el centro comercial de Puerta Cinegia, otra de las puertas que fueron, y no hubieron nada. Para casi todo hay una primera vez, y esa fue mi primera vez de subir escaleras y contemplar el Paseo de la Independencia desde cierta altura. Desde aquí, el Monumento a los Mártires de la Religión y de la Patria me sigue pareciendo igual de repulsivo. Más me gusatía que regresara Neptuno del Parque, a ver si así le dejaban de fastidiar el tridente. Vuelvo a ver, también, el pequeño patio gótico que no veía en años, ahora integrado a la fuerza en el centro comercial aunque, al menos, sigue en pie.

Las obras del tranvía (¡viva el tranvía!) desde la Plaza de España, están modificando radical y afortunadamente el Coso Alto, donde el Casino Mercantíl, el Palacio de Sástago, el antiguo Bazar X, el antiguo Banco de Aragón, el nuevo Banco de Aragón, la Plaza de San Roque (con el extinto Arco, la iglesia de la Mantería, y el edificio de “La Adriática”), el Palacio de los Condes de Morata o Luna (actual sede del Tribunal Superior de Justicia de Aragón). Promesas para un futuro más despejado de humos y ruidos.

Y llegados a este extremo del Coso, se acabó la labor de hoy, y nos vamos a comer a la Casa de Andorra para celebrar que hoy está siendo un buen día, aun sin sol, con fresco y, de momento, algo de apetito. Pasa un 38 y lo pillamos, que nos deja en la misma puerta.

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3 respuestas a Limes y diretes 0 y 1

  1. Pingback: Los cinturones de Zaragoza | Tausiet & Zaragózame

  2. Pingback: Zaragoza y su entorno | Tausiet & Zaragózame

  3. Un interesante recurso para completar los datos de mi listado Zaragoza y su entorno, mi artículo Los cinturones de Zaragoza y el blog de José María ballestín Peripaseos:

    http://tausiet.blogspot.com/2012/01/mapa-interactivo-de-zaragoza.html

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