Delicias

06-12-2011. Las Delicias, La Bombarda, La Bozada, Monsalud, Ciudad Jardín. Tan cerca, y tan lejos. Tantas veces paseados, pateados, mas seguro queda algo por descubrir. Aprovechando una primavera de esas que acostumbra diciembre, comenzamos por las casitas de Ciudad Jardín, donde el señor Tausiet aprovecha para ejercitarse como Simón sobre vegetal columna. Recogida, tranquila y sosegada, es esta zona, con sus pajaricos y calles para pasear más que para evitar atropellos. El Parque Delicias, con sus pabellones psiquiátricos de usos diversos, paseos con personas paseantes, avispero ahora oficina de producción de otros insectos, zonas verdes tapizadas de hojas secas, elementos acuáticos. Zigzagueamos por La Bozada por una ruta interna entre viviendas sindicales. Hace buen día, es día de lavar la ropa y tenderla al aire libre, al sol. Nadie juega a la petanca, y un gato espera y mira tras unas rejas. En el MDB hay una colosal errata, y uno de los remozados edificios del Grupo Alférez Rojas presenta notable revestimiento cerámico que atrae y genera interesantes relaciones interpersonales entre peatones y peripaseantes. En pleno Delicias, entre Roger de Flor y Demetrio Galán Bergua, una esquina caliente echa humo a la vera de un estanco cerrado. En Andrés Vicente hacemos una parada para un café en soleada terraza. También es día de mudanzas para vecinos recientemente empadronados, que mueven muebles y efectos personales aprovechando el día festivo. A la vez, un unicornio espera sin inmutarse que pase el día para aprovechar oferta de champú. Cruzamos la Avenida de Madrid, y vamos a Monsalud. Por sinuosas calles elípticas, unas que suben y otras que bajan, un aceitunero amateur se abastece para ensalada y vermuteos. Ascendemos al Parque Castillo Palomar, entre pinos enormes y notable tranquilidad. Hay un anfiteatro contemporáneo, donde las cotorras argentinas ensayan múltiples y exitosas formas sonoras de molestar. Atravesamos La Bombarda y descubrimos, sin pretenderlo, el Parque Sedetania, con su peculiar paraguas pinchudo.

Por Alfredo Nobel, el de la dinamita, vamos hacia el Barrio Oliver, al Parque del Oeste. Son estas calles lugares un poco más necesitados de intervención renovadora. En el Parque, tras vadear el cinturón verde, praderas inglesas, hojas muertas, quiosko sin música, lago sin anátidas. Se nos ha echado encima la hora de comer, y no queda otra que un bocadillo, mientras ignorantes divagantes nos aturden con atroces conversaciones. Tras comprobar el brusco final de la calle Capricornio, ascendemos a los Jardines Estrella Polar, donde un equino trampantojo nos indica el camino, a través de la Osa Mayor, Urano y Andrómeda, para llegar a las tremendas y hormigonadas construcciones que pretenden acercar Valdefierro al Canal Imperial, algo que ya han conseguido en parte: los protohomínidos comefarolas ya han dejado su huella arrasando patrimonio público por la ribera del Canal. Una penica.  Paseamos, en esta ocasión, por la tranquila orilla de los nuevos depósitos de agua de Zaragoza. A la altura de la privada clínica médico-quirúrgica Montpelier, alcorzamos hacia la Vía Hispanidad, donde la parada de autobús de un autobús inexistente nos señala el fín de los 14 km. paseados en el día de hoy. He dicho.

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  1. Pingback: Zaragoza y su entorno | Tausiet & Zaragózame

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