Margen Izquierda Ebro y 2

17-11-2011. La segunda etapa del recorrido de la Margen Izquierda del Ebro periférica, en un día soleado, cielo azul, alta humedad ambiental, y día de mercado. Todos los enclaves, todos, incluyen la denominación de origen “de Ebro” lo cual, además de cierto, es verídico. Comenzamos por Nuez de Ebro, con su impresionante pino sito en propiedad particular, su plaza principal hoy del mercado, sus azulejos con atroces estrofas aureales, un amable y guapo gato mestizo, y muy poco turismo. Un ”victor” de cuando el príncipe de Asturias era Juan Carlos recuerda de dónde venimos, y aún estamos. Como Nuez ha quedado prisionera entre la N-II y la autopista, se la ve menos recalificada, hormigonada, y adosada. De momento. Hace buen fresco, trinan los pajarillos, y sólo un perro sin romanizar altera el ritmo de nuestros pies al caminar. Tras una hora deambulando, nos vamos. La siguiente parada es Villafranca de Ebro, adonde vamos a por uvas, sin pretenderlo. Su espectacular plaza barroca está completamente determinada por la presencia del tremendo Palacio del Marqués propietario del pueblo. En la central fuente, muelinos azulejos representan supuesta heráldica de apellidos indígenas. Como es una ciencia que, como la astrología, la ufología, y religiones similares, no me entretiene demasiado, tiene que ser el señor Tausiet el que me llame la atención sobre un particular azulejo que reza “Ballestín”. Lo retrato, y ya está. Una vivienda tiene parras, pero no uvas, que ya no es tiempo de. Mas en el cercano mercado ambulante, unas uvas que parecen mandarinas aplacan hambre y sed, a la vera de una de las innúmeras acequias. La veleta de la iglesia palacial presenta a un san Miguel empinchando a una especie de gran lombriz, tal vez para pescar en el cercano río, pero gentes más entendidas me ilustran que no es sino sierpe maligna, y que el tal santo no era pescador, sino empalador. Pues vaya. Cogemos el portante y continuamos a Osera de Ebro. Aquí no hay cueva de osos alguna, sólo tres osos dorados en su inventado escudo. También hay caídos presentes, santos descabezados, iglesia en restauración, rica huerta, buena tierra, agua abundante, y un negro gato tomando el sol desde arriba la tapia. El Ebro está ahí mismo, a un paso y un poco de desnivel del embarcadero. Hartos de la N-II, nos metemos por una pista de tierra hacia la aventura del conocimiento de lo desconocido. Llegamos bajo el airoso puente del AVE, por un tramo particularmente hermoso del GR-99, entre campos de frutales, el Ebro, y un soto sobrevolado por garzas blancas. Sin pretenderlo, llegamos a un enclave denominado Aguilar de Ebro, sin otras presencias visibles que unos simpáticos gatos cariñosamente juguetones. Recuperamos la N-II, dirección Pina de Ebro. Justo es la hora de comer, en un mesón propiamente así llamado. La enorme plaza principal nos conduce luego a la ribera del Ebro, en cuyas orillas lanzamos piedras sin otra pretensión que no lesionarnos en el intento. A diferencia de Zaragoza, aquí la vegetación ribereña se llena de restos orgánicos en forma de ramillas, hojas, y musgos varios, depositados por el río, y es que las plásticas bolsas parecen quedarse, todas, aguas arriba. Las torres del lugar albergan las habituales cigüeñas, que deben estar ya empadronadas a lo largo y ancho de la ribera, aunque sin derecho a voto.

Volvemos hacia Zaragoza por la N-II, y a la altura de Osera de Ebro cafeteamos en el Único bar posible, con sus cámaras frigoríficas setenteras, y una infernal terraza a pie de carretera por la que transita buena parte de la flota comunitaria de camiones. Aturdidos por el estruendoso decibeliaje, se nos va la olla, y nos jugamos el todo por el todo yendo a donde el casino Montesblancos. Unas vallas, y carteles avisando de la presencia de perros sueltos y vigilantes en las dos carreteras de acceso, imprimen una sana prudencia que nos lleva, en justa compensación, a zigzaguear sin GPS por vales, barrancos, glacis y terrazas de los montes de Alfajarín. Aprovechando los últimos destellos  de un día que se queda rápido sin luz natural, inspeccionamos una paridera abandonada con tremendo depósito abatido, oxidado, y vacío. Se nos cae encima la noche sin otro horizonte que la Sierra de Alcubierre, aunque las luces de Farlete nos atraen como polillos, tal vez pollinos. Recorremos sus calles sin bajarnos del vehículo para no alterar la solemne tranquilidad lugareña. Tomamos la demasiado recta A-1104, y para Zaragoza.

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2 respuestas a Margen Izquierda Ebro y 2

  1. Pingback: Zaragoza y su entorno | Tausiet & Zaragózame

  2. José dijo:

    Muy buen blog, al igual que las fotos. Gracias por sacar fotos del pueblo de Aguilar de Ebro, así la gente sabrá un poco más de nosotros.
    Un saludo de un vecino de este pueblo

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