Ribera Baja del Ebro-Caspe

31-10-2011. Si de lo que se trata es de ensanchar la periferia de Zaragoza hasta Caspe, pues se hace, comprometidos como estamos con el conocimiento, la ilustración, y la revolución. Mas primero nos tenemos que romanizar, y aun arabizar. Pero vayamos por partes.

Ebro abajo, 45 km. al SE, llegamos a Gelsa, con su reverdecido, léase blanquecino, Barrio Morisco, en donde los cristianos confinaron a los indígenas cuando conquistaron la plaza. Un pedazo de Andalucía, aunque el sol hoy no lucía.

Continuamos por la ribera izquierda unos seis km., y llegamos a Lepida Celsa, Colonia preferida por los romanos hasta que descubrieron Caesaragusta. A la entrada del yacimiento, unos terneros de engorde nos miran mucho, pero no mugen nada. Una insólita pausa sin lluvia, y paseamos calles, zócalos, y pavimentos tal como hace 2.000 años antes.

Cinco km. más allá llegamos a Alforque, en un entorno con abundantes canteras de alabastro, y con muy poca población indígena. La recuperada placa de la alcaldía constitucional nos dice que estamos en zona de rojos, así como las inscripciones de la puerta de la iglesia cristiana, que es zona de riadas.

Otros seis km. más allá, saltando sobre Cinco Olivas, llegamos a Alborge, con su calle con dos farolas, molino de aceite, castillo y noria árabe, nevera, San Lorenzo en iglesia, y ciertos arraigos familiares de quien conduce el auto que nos ha traído al lugar. La lluvia arrecia y no podemos más que disfrutar de ella, exclusiva y amorosamente posesiva como es.

Cruzamos otra vez más el Ebro para llegar a Sástago, justo con el cénit pluvial del día, y justo nos viene para pasar junto al Cine Moderno (sin proyecciones desde 1987), y tomar un calentorio en un bar.

Continuamos ribereando el Ebro, y cuando estamos a 74 km. de Zaragoza, llegamos al cisterciense Monasterio de Rueda, pero no lo visitamos porque 4,5 euros por cabeza se interponen. A los pies de la noria y el acueducto, una pausa para comenzar a gadaffidear un rato.

Unos pocos km. más allá, Escatrón, y no tengo nada más bonito que decir del sitio. En serio. Bueno, que comimos allí.

Ya más de 100 km. allá, la periferia de Zaragoza alcanza Chiprana. Un nuevo parón de las precipitaciones nos permite aquí pasear por el lugar, llegando al punto más alto, coronado por el depósito de agua, y unas desoladoras vistas del Ebro que ilustran bien que, si no llueve, no por mucho pantanear aguarece más temprano.

Y como jalón final, Caspe. Mientras la chiquillada sale de clase, ascendemos a la Torre de Salamanca, porque estamos en tierra de carlismos e isabelismos confrontados, aunque monárquicos, católicos y clasistas ambos. El sol se va rápido, porque estamos en tierra de levante. Nos da tiempo de darle apenas la vuelta al cinturón de ronda, y regresamos rápido por Bujaraloz, desde donde todos los camiones del universo nos acompañan, y se nos cruzan, hasta llegar a Zaragoza. Hace rato que es de noche ya, y el cuerpo pide urgente reseteo. Zzzzzzzz…

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