Jardín de Ricla

03-11-2010. Polémicas publicadas nos llevan al Jardín de Ricla, enclave desconocido por nosotros hasta el día anterior, delimitado al N. por la E-90 y la A-2, al S. por la N-IIa, al E. por una macroescombrera “clandestina” y el inicio del polígono industrial de Malpica, y al W. por el barrio rural de Santa Isabel.
Los mapas dicen que está sólo a 7 km., aunque da la sensación de que esta distancia se hace múltiplo muy elevado una vez allí. Las tres dimensiones espaciales, y la temporal, parecen conjugarse de forma distinta: estamos en otro universo, y es un lugar muy agradable.
Un proyecto urbanístico de 2025 viviendas, construidas en bloques de 7-8 alturas, reclamó la atención (de quien se quiso enterar) sobre su impacto en este peculiar rincón preservado hasta hoy del insaciable avance metropolitano. Este Jardín de Ricla no es sino un conglomerado de la Zaragoza de otros tiempos: viñas, olivos, frutales, huertas, canales de riego, un molino, una venta (la antigua “Venta de Paniagua”), casas de madera y adobe, una balsa, caminos y sendas, fauna y flora protegida, todo en apenas 300.000 m2 (PLAZA ocupa casi 13 millones de m2). Y, además, está habitado. Pisos, incluso los reverenciados (con trampa) VPO (de compra), pueden construirse en muchos sitios, incluso inverosímiles (el entorno de Zaragoza es muy creativo al respecto, como muchos peripaseos ilustran bien). Pero un lugar como El Jardín de Ricla, pues no lo recuerdo.
Tuntún nos echó una mano a poco de llegar (tras identificarnos a los lugareños como no hostiles, esto es, no representantes de constructora alguna, sino como pacíficos peripaseantes). Uno de los vecinos nos hizo de completo cicerone hasta casi ya puesto el sol, lo que elevó nuestra valoración final muchos enteros.
Casi tres meses después de nuestra visita, el jardín de Ricla fue declarado lugar de interés etnográfico por la Comisión Municipal de Urbanismo, pasando a formar parte del catálogo de edificios y conjuntos protegidos. A efectos prácticos, esto supone un freno a las iniciales pretensión urbanísticas del proyecto, pero no una paralización: en lugar de torres de 7-8 alturas, los habituales adosados, que parece que pegan más con la arquitectura tradicional.
Andando uno 800 m. desde la última parada de las líneas 32 y 45 en Santa Isabel, pueden ustedes comprobar directamente lo relatado. Pasead, ciudadanos, pasead.

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