Ginel Connection

05-05-2011. Qué cosa más inocente pretender seguir el curso de una corriente natural de agua, como la del Ginel, (llámese río, riachuelo, arroyo…), hasta su desembocadura en el Ebro. Un pequeño río que nace y expira en nuestra cercana periferia.
Qué buena tarde hacía cuando partimos de su afluencia, relatada en una entrada anterior, y nos dispusimos a acompañarlo por sus 15 km. de amable vida, en los que abastece sucesivamente a Mediana, Rodén y Fuentes de Ebro, tanto para consumo humano, de otros animales, y para riego. Aunque su cauce es muy estrecho, no hay pérdida posible: aun minimal, genera la única vegetación no esteparia de los contornos, incluyendo un mini-bosque de ribera, además de una amplia vega hortofrutícola cuyo producto estrella son unas muy celebradas cebollas.
Pero todo cambió al llegar con él a Fuentes de Ebro. Se despejó el cielo y quedó un astro sol en plenitud de facultades golpeando a diestro y siniestro, y dándonos siempre a nosotros. Y el río Ginel se nos escurrió en una maraña de artificiosas canalizaciones, canales, acequias, encauzamientos.
Como la rendición no figura en nuestras concexiones sinápticas, avanzamos irremediablemente, guiados en todo momento por el dios tuntún, ese orgánico y pretecnológico GPS de incierto rendimiento. Y por donde quiera que fuéramos, la razón atropellamos, la virtud escarnecimos, a la justicia burlamos, y a las mujeres vendimos. Nosotros a las cabañas bajamos, nosotros a los palacios subimos, nosotros a los claustros escalamos, y en todas partes dejamos memoria amarga de nosotros.
Y, vive tuntún que es cierto, lo logramos. Pero no fuimos conscientes de haberlo hecho. La terrible insolación nos zarandeó inmisericorde y creimos enloquecer cuando, no una, sino hasta tres vías distintas de agua nos susurraban seductoras “Yo soy el Ginel, sígueme…” Un último destello de razón nos alejó de aquellas terribles sirenas de agua dulce, justo antes de precipitarnos por intrincados e impracticables senderos anfibios de los que no hay memoria, recuerdo o testimonio.
Un sentimiento agridulce y una sed atroz nos consumían, mientras volvíamos tras nuestros polvorientos pasos.
Pero tuntún velaba por nosotros, y sin hacer autostop un indígena se ofreció a retornarnos a Fuentes de Ebro en vehículo a motor.
En la ingesta de líquidos reparadores, nos conjuramos para volver, aun con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien…
Volver, y desentrañar esta periférica madeja hidrológica.
Continuará.

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2 respuestas a Ginel Connection

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