Torrero


Salimos de la cárcel, la antigua provincial, ahora vertedero protegido, Torrero, Distrito 13. Gondoleamos por entre los pinares de Venecia, bajo un sol inclemente, casi como oscense para con zaragozanos. Llegamos a una glorieta llena de oscuros muñegotes, curiosas pintadas, y animalicos haciendo cosas bien raras, como darse la lengua, y saludar. Hay referencia a un príncipe y a un jefe de estado de cuyos nombres no me puedo olvidar. Una casa abandonada al delirio. Una senda por la que bajar, mientras todos suben. Unos accesos inopinadamente abruptos a Parque Venecia, y arriba unos estereotipados personajes de historieta de espías como de Ibáñez. Unas grúas que emergen. Martillazos de sol de efecto similar al que sembró de cadáveres de almendra una pequeña umbría salvadora. Bajamos al Parque Pignatelli, con sus musicales puertas de Villa Luna, su gato encerrado, su espíritu santo posado sobre esa cabecica tan bien amueblada. Una irrepetible placa de calle que no la vea Belloch, que le monta una exposición. Un Paraíso en el que residen personas. El sepulcro de San Paulaner, en un irlandés venido de Gallocanta. Salamanquesas al acecho de insectos en una dorada cepa. Reflejos de una realidad demediada. Una forma como otra cualquiera de aniversear, digo.  26 de abril de 2010.

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